EL PERRO Y LOS CALZONES

 

En un hermoso día de mayo de 1670, dos comerciantes, Nicolas Peers de Gembloux y Jean Tilmans de Namur, se dirigían a Bruselas con la esperanza de realizar buenos negocios. Hay que decir que se debían aprovechar los cuatro años de descanso que Luis XIV se había tomado entre dos guerras.
Nicolas Peers iba acompañado de su perro “Moustache” del cual contaba maravillas de inteligencia ante el escepticismo de su compadre Tilmans. Entonces el dueño del perro apostó la comida del día siguiente a que si abandonaba una moneda al pie del árbol que los cobijaba en aquel momento “Moustache” sabría volver a encontrarla y devolverla a su amo allí donde se encontrara. Así se hizo y un par de millas más lejos le hicieron oler otra moneda al can que partió hacia atrás como un rayo, mientras los dos viajeros continuaban su camino.
Quiso la suerte que, entre tanto, Jules el liejés, llevara la misma dirección y descansara al pie del mismo roble. Acababa de meterse en el bolsillo de los calzones la moneda que había encontrado cuando llegó el chucho y se le pegó a los talones. Iba el de Lieja tan contento con su doble encuentro y se hospedó en una posada de Bruselas. “Moustache” se instaló, como un buen perro de guardia, sobre los calzones al pie del catre con gran satisfacción del liejés.
Entre tanto en otro albergue cercano, Tilmans se reía a sus anchas del pobre Peers que había perdido apuesta, moneda y perro. Pero, hacia el final de la velada, un gran barullo les llamó la atención y por la puerta entró “Moustache” llevando en el hocico unos calzones y detrás el dueño de los mismos, su posadero y varios clientes, extrañados por comportamiento del can, que había aprovechado un momento de descuido para salir disparado por la puerta entreabierta llevándose la indispensable prenda.
La alegría de Peers solo era comparable a la sorpresa de los demás cuando les explicaron la increíble historia. El de Lieja fue invitado a la comida que gustosamente pagó Tilmans, buen perdedor.
La calle donde ocurrieron estos hechos se llamó en adelante “Rue de la Braie”, nombre que se daba entonces a aquel tipo de calzones, y así sigue en nuestros días, como un trazo de unión, entre el Viejo “Marché aux Grains” y el Nuevo “Marché aux Grains”.

 

 

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