El Angel de la Guarda

 

“Ángel de la guarda, dulce compañía, no me desampares ni de noche ni de día… ¿crees que me oye?.” “¡Claro!” contesta mi madre. “…..no me dejes sola, que me perdería. Amén”.

Un tranvía por delante; otro por detrás. La abuela Balbina y yo en medio, como el queso en el pan, y los dos tranviarios gritando enfadados contra ella por haber sido imprudente y poner en peligro a una criatura. “No tengas miedo y no te muevas”, dice la abuela. No tengo miedo. No ha pasado nada.

“Se la dejo dos minutos”, había dicho la señora Elvira, que me estaba guardando, a su vecina que era tan vieja como la abuela. “Se buena”, me dijo. Yo me había sentado calladita en un rincón cuando la vecina vieja y su nuera empezaron a discutirse. La joven se marchó dando un portazo y cerrando la puerta con llave desde fuera. Nadie podía salir.

Cuando llegó la señora Elvira tuvo la sorpresa de que no podía recuperarme. “¿Cuándo volverá?” trató de saber. Pero la señora más vieja no lo sabía. Una vez no había vuelto hasta el día siguiente. Y, al parecer, el hijo tampoco iba a volver.

Salieron cada una a su balcón, que eran contiguos. Las barandillas estaban separadas por 50 cm. La acera de la calle estaba cuatro pisos más abajo.

“No mires abajo, no tengas miedo”, decían las dos mujeres. Yo estaba de pie en la barandilla de uno de los balcones mientras la más vieja me sostenía. Las manos de la otra me agarraron cuando yo me eché hacia adelante. Un pie, otro pie. Ya estaba en el otro balcón. Al fin podía merendar.

No tenia miedo, no había pasado nada.

Yo crucé la calle cuando me lo había indicado el señor del quiosco, sin correr, como me han mandado. Nunca me habían prohibido balancear la maletita. Entonces, cuando ésta se me cayó de la manos, yo retrocedí y me agaché a cogerla. Un ruido estridente, gritos y una sombra que se para. Al levantarme, un camión estaba parado a un palmo de distancia y la cara del chofer, toda blanca, se hallaba pegada en el parabrisas. Yo seguí mi camino tranquilamente.

No tengo miedo, no ha pasado nada. ¿Por qué se agitan todos así?

“Angel de la guarda, dulce compañía….¿crees que me oye?”