Clases de catalán

 

El Señor Alcalde, el Secretario, el médico y el Señor Cura, solían reunirse algunas tardes en casa del primero para charlar de sus cosas.
Un dia, poco después de mi llegada al pueblo, me invitaron a subir. “¡Vaya!. ¿Así que tu eres la catalana?” Parecían simpáticos. Empezaron a preguntarme cosas de Barcelona, de la escuela, y continuaron sus pregunta sobre el tema de “¿Cómo se dice esto en catalán?” Yo contestaba a todo y ellos me encontraron muy simpática y dicharachera. Me hicieron prometer que volvería otro dia.
Había tanto por descubrir que terminé por olvidar esa promesa.
Algunas semanas más tarde me llamaron: “¡Eh, la catalana! ¿Ya no quieres subir?”. Esperaba que no durara demasiado la entrevista. Cuando empezaron el “cómo se dice” yo no quise contestar, realmente no tenia ganas. Entonces cometieron un grave error. El señor secretario echó mano al bolsillo y sacó una pieza de diez céntimos. ¡Ah, esto era otra cosa!
No se si aprendieron mucho catalán, pero yo salí de allí con tres pesetas en el bolsillo. En aquel tiempo no entendí muy bien el comentario del Señor Alcalde de que “hacía honor a la fama, ¡y ya empiezan desde pequeños!”.
Tampoco entendí por qué mi madre se enfadó tanto cuando lo supo y quería que devolviera el dinero. Pero al final todo se arregló. Solo recuerdo que no volví a dar clases de idiomas.