Estoy aquí

 

A mi alrededor está el mundo, y el mundo es enorme, empezando por el piso de la abuela Balbina donde viven otras personas llamadas “realquilados”.
Un dia la abuela me llevo muy lejos, a la habitación de una de ellas que estaba enferma.
El piso de la abuela era enorme, tenia casi 60m2.

A mi alrededor está el mundo. La puerta está abierta. Salgo a la escalera desierta y empiezo a descender. Debajo de mi, tramos y tramos de escalones me incitan a la aventura. Cuando oigo la voz de la abuela alarmada, mi descenso se hace más y más rápido. Hay desafío en mi interior. ¿Hasta donde puedo ir?. De momento hasta abajo del todo. Hasta la calle. Hasta el portal de enfrente. Allí está el límite del mundo. La abuela me atrapa. Con dos años no se puede ir más lejos.

“¡La niña, la niña!”, gritó alguien.
Dos bultos venían rodando por el suelo amenazando tirarme.
En el terrado de la abuela la mañana era soleada. Las vecinas habían subido con sus sillas bajas y sus cestos de la costura. Con solo alargar la mano podía “tocar” la torre de la catedral con la imagen de mi patrona encima.
Las vecinas cosían y charlaban. Dos de ellas empezaron a elevar la voz. Parecían enfadadas. De pronto, una de ellas, dejó de golpe su cestito en el suelo y se puso de pie. La otra la imito: se agarraron por los pelos revolcándose por los suelos chillando.
Alguien me cogió en volandas justo cuando pasaban por debajo de mis pies.
Yo la cosa la encontré de lo más interesante. Al bajar, la puerta de una de las contendientes estaba abierta y ella sentada llorando mientras una mujer le limpiaba un magnífico arañazo en la nariz y la estaba riñendo. Quise entrar para hacerle “sana, sana culito de rana”, pero no me dejaron y cerraron la puerta.