Al fin una hermanita

 

¡Lo había reclamado tantas veces sin éxito, y, ahora que no estaba en casa, mama me anuncia que voy a tener un hermanito o una hermanita!
Hacía algunos meses que yo estaba en el hospital. “¿Cuándo llegará?” pregunté muy contenta, “Dentro de unos meses, el año que viene” contestó mama.
Ah, eso está bien. Para entonces seguramente ya me habré curado y vuelto a casa.

 

 

Me dejaron escoger el nombre, el que yo quisiera. Mi catálogo de nombres no era muy extenso, así que dije: “Si es niña María Luisa, como la prima de Francia, y si es niño Antonio como papa”. Bien, quedó aprobada la elección. De todos modos yo esperaba asistir al bautizo.

Pero el tiempo fue pasando y llegó Navidad y Reyes. Cada vez faltaba menos para el gran momento y mis esperanzas de estar en casa se alejaban de manera proporcional.
En marzo mama me dijo que cualquier dia tendría que ir a por el bebé y que no podría venir porque estaría muy cansada. No me extrañó porque últimamente había engordado mucho.

María Luisa llegó el día de San José. El 23 de abril se cumplió un año de mi ingreso y no había ni rastros de mejora.