¿Tu fuiste a la guerra, Papi?

 

“¡Claro que fui a la guerra!” Y me enseñaba las dos grandes cicatrices que tenía en el muslo.
Antes de la guerra eran un alegre grupo de amigos muy unidos, así que, cuando movilizaron al más joven de ellos todos los demás se alistaron como voluntarios en la misma compañía.

Luego los avatares de la guerra los fueron separando pero papa estuvo con su mejor amigo hasta el dia en que éste cayó y él salió a buscarlo y todos pararon de disparar hasta que lo recuperó.

Poco después le hirieron a él. “Cuando estalló el obús yo estaba algo lejos. Pero un trozo entró por aquí y salió por aquí”.

Entonces pasó algún tiempo en el hospital. Y por eso no estuvo en la batalla del Ebro.
Después, como era alto lo habían puesto en las baterías antiaéreas de Montjuic, en Barcelona. “¿Por qué?”, “Porque los altos vemos llegar a los aviones antes que los bajitos”.

El señor Juan, el vecino de la escalera de al lado, no había tenido tanta suerte. También era alto pero a él otro obús le había dejado sin pierna y andaba con una muleta. En el barrio le llamaban “Juan el cojo”. Pero en casa me dijeron que era muy feo eso de poner apodos así a la gente. Si sabíamos de quién se estaba hablando con decir “el señor Juan” bastaba y, si no, se añadía el apellido, que también estaba para eso.