Palabra de niña

(Sor Presentación entre fidelidad a la congregación y conciencia de justicia)

 

La sala de las pequeñas, en el segundo piso, tenía 30 camas, la mayoría de ellas ocupadas. Algunas niñas llegaban y se iban, muy pocas. La mayoría pasaban meses y meses. No conocí a ninguna que se marchara dada de alta, es decir, curada. Algunas salían para ser trasladadas por sus padres a otras instituciones u hospitales donde morían tras ser operadas, o eso es lo que nos decían.

Mi urgencia principal en aquel momento era salir de allí, volver a casa. Así lo hice saber a mis padres el primer día en que vinieron a visitarme.

Pero mis razones no resultaron válidas. Las mezquindades de Lucrecia no tuvieron ningún crédito: “¿Cómo puedes inventar algo semejante, Elenita?”. A mis padres: “ ¿Ustedes comprenden? Ella quiere salir, entonces inventa cualquier cosa”. “Saldrás cuando estés curada, no antes. ¿Está claro?”