Triste estoy sin mi fiel caballo

 

“Triste estoy sin mi fiel caballo; ¡yuhuu, yuhuu, yuhuu!” Mi cuna son dos brazos fuertes, muy lejos del suelo, que me balancean. Mi padre canta muy bien. “Ahora otra”, le pido. “¿Cuál?” “El abuelito”. Mis deseos son órdenes. “Mi abuelito tenia un reloj de pared, que compraron cuando él nació…”. “Más”…”Sul mare luccido l’astro d’argento…” . El balanceo se hace suave. Esta vez me duermo.

Papa cantaba muy bien, papa cantaba como Fred Astaire.