Por lo menos una quinta parte de los hombres viven en situación de extrema pobreza, en condiciones infrahumanas, indignas del hombre. Por el bien de esta gente y de su familia, ¿no sería mejor impedirles tener más hijos?

a) Los malthusianos afirman que hay una disparidad entre la progresión geométrica de la población y la progresión aritmética de los recursos alimenticios. Los neomalthusianos combinan esta tesis con la del derecho al placer sexual individual sin riesgo de procreación. Las tesis neomalthusianas - que presentan la anticoncepción, la esterilización, el aborto, etc. como nuevos «derechos del hombre» - son con mucha frecuencia utilizadas como señuelo para enmascarar las motivaciones malthusianas de los que consideran que el control estricto de la población es un «deber» tan urgente como imperioso.

Estas tesis entrecruzadas son difundidas en el mundo entero por aquéllos que sacan de ellas un provecho.

b) La pobreza no es una fatalidad, ni el hambre. Los excedentes alimenticios, por ejemplo, nunca fueron más importantes. Lo mismo ocurre con la esperanza de vida al nacer, que nunca fue tan elevada en el mundo. Sin embargo, hay graves problemas de repartición, no sólo en lo relacionado con los recursos alimenticios, sino también, por ejemplo, con los conocimientos relacionados con la agricultura, la salud, la higiene, la regulación natural de los nacimientos, sin contar la corrupción, etc. Lo que esperan los pobres es que se les ayude a salir de su miseria, que no se les deje hundirse después de haberles «obsequiado» abortos y esterilizaciones.

c) La esterilización en masa de los pobres, tal como se practica actualmente, va a tener consecuencias terribles. Una vez que sean viejos, estos pobres seguirán siendo tan pobres, pero ya no tendrán hijos con quienes contar. Serán abandonados, y la violencia ejercida por la sociedad acelerará su muerte, tal y como ya se hace morir a los niños de la calle, y nadie quiere hacerse cargo de ellos.

d) Presentadas hoy con nueva envoltura, las tesis de Malthus tornáronse cada vez más un instrumento de ensueño para todos los reaccionarios opuestos a cualquier reforma social. Hoy día, los malthusianos intoxican a la opinión internacional, haciéndole tragar la idea de que la pobreza no tiene su causa ni en las injusticias sociales, ni en los fracasos económicos, ni en la incompetencia política, ni tampoco en las aberraciones ideológicas.

Según ellos, la pobreza tiene su fuente en la proliferación vertiginosa de los mismos pobres. Es evidente que, en la medida en que esta tesis - a pesar de ser falsa - resulta inculcada y recibida como «evidencia» fulgurante por la opinión pública, las verdaderas demandas relativas a la justicia y al desarrollo podrán ser ignoradas y la explotación de los pobres podrá continuar sin escrúpulos.

e) Actualmente, Malthus se ha tornado en la bandera de cuantos obstaculizan la justicia social -tanto entre los hombres como entre las naciones, la fraternidad universal, la igualdad, la libertad para todos, el respeto por los más débiles, los más pobres, los minusválidos, los enfermos, etc. Para los malthusianos contemporáneos, los pobres, los débiles, los negros, los indios, etc. son despreciables; la igualdad de todos los hombres, el derecho de todos a la libertad, el acceso de todos a los bienes materiales, intelectuales, espirituales son otros tantos objetivos inadmisibles y que conviene combatir. Cuidar de los pobres, promover la igual dignidad de todos los hombres trastorna, según ellos, el equilibrio querido por la naturaleza, la cual selecciona a los «mejores» y elimina a los «más débiles».

Total, las ideas malthusianas inspiran las versiones contemporáneas de la moral naturalista y nietzscheana de los señores. En ese sentido, esas ideas son completamente incompatibles con el cristianismo.

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