¿No pesa sobre la humanidad la terrible amenaza de la "explosión demográfica» del Tercer Mundo?

Esta idea se remonta hasta las ideas malthusianas. Como dijo Malthus (1766-1834), la población crece según una progresión geométrica y los recursos alimenticios según una progresión aritmética. Esta teoría vuelve a aparecer ahora bajo una forma ligeramente modificada: «la gente es pobre porque es numerosa». Esta afirmación es difundida por los medios de comunicación, que se ingenian en imponer como una evidencia cegadora que «ser numerosos es ser pobres».

Ahora bien, no hay que decir que la gente es pobre porque es muy numerosa, sino que es muy numerosa porque es pobre. Reducir enérgicamente la natalidad para poner fin a la pobreza es tomar el problema al revés.

El exceso de población se mide siempre con relación a una situación precisa, concreta, variable. La pobreza se evalúa siempre a partir de la capacidad que tiene el hombre para hacer frente a su medio ambiente: una nación es pobre porque no sabe alimentar a su población. En este sentido, es la pobreza lo que causa la sobrepoblación y no a la inversa; la sobrepoblación siempre está relacionada con una situación dada. Ahora bien, esta situación puede ser modificada por la intervención del hombre, a condición de que haya voluntad moral y política. Hay casos en los que la gente está tan desprovista material, intelectual y moralmente que no tiene la posibilidad de cultivar convenientemente, y que de hecho es, en esta situación modificable, demasiado numerosa. Pero justamente el hombre puede cambiar estas situaciones por medio de la organización, la enseñanza y los equipos.

Esto no significa que las cuestiones demográficas no deben ser tomadas en cuenta: aquí hay descenso, allá hay crecimiento. Los poderes públicos deben, pues, encargarse de este problema. Sin embargo, tanto aquí como en todos lados, hay que respetar el principio de subsidiaridad, base de toda democracia1. La intervención de los poderes públicos debe hacerse con absoluto respeto de los derechos fundamentales del hombre, ya que no puede hacerse por cualquier medio ni a cualquier precio.

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  1. Según el principio de subsidiaridad, los poderes públicos deben ayudar a los individuos y a los cuerpos intermedios, entre ellos a la familia, a tomar iniciativas de su competencia, y no sustituirlos.

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