¿Por qué, si la situación demográfica de Europa es tan grave, son tan pocos los políticos que se preocupan por ella?

La falta de atención que la mayoría de los políticos europeos manifiesta ante los problemas demográficos es en efecto sorprendente, y esto ocurre por diferentes razones. Primero que nada, la mayoría de los políticos considera los problemas del respeto a la vida humana no en función del bien común sino en función de su electorado. Si predominara en ellos la preocupación por el bien común, darían prioridad al largo plazo, situando los problemas demográficos en el justo lugar que les corresponde. Pero los políticos son generalmente más sensibles al corto y mediano plazo, y privilegian entonces su propio bien: su reelección, y el bien particular de los electores, a quienes quieren complacer en vista de la próxima campaña.

Incluso los políticos cristianos, que tendrían razones específicas para preocuparse por estas cuestiones, ponen de manifiesto a menudo su desidia en estas materias. Los parlamentos nacionales y europeos han dado de ello mil ejemplos. En particular es completamente escandaloso que políticos cristianos hayan firmado al calce de «leyes» que reglamentan el aborto.

Por último, no habría que perder de vista que la ignorancia cultivada es la forma superior de servidumbre voluntaria, aunque hay que reconocer que dicha servidumbre encuentra rivales temibles en la mala fe, la corrupción y la falta de valentía.

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