¿Cuáles son las consecuencias que resultan del cuestionamiento de la indisponibilidad del cuerpo?

En la medida en que este principio es discutido, incluso rechazado, el camino queda abierto a nuevas formas de esclavitud. El niño es considerado como un «bien» sobre el cual se tiene incluso derecho de vida y de muerte. El pobre puede ser «canibalizado», es decir, considerado como un vivero de injertos; sus órganos «frescos» son objeto de mercado. A cambio de cierto precio, el pobre se separa de un órgano de su cuerpo; lo aliena; se le aliena; es alienado.

Se asiste, en fin, incluso a una «incautación» de la población humana. Demasiados cuerpos dañan los equilibrios ecológicos y hay que limitar su número para impedir que, siendo excesivos, los hombres deterioren el medio ambiente. Se asegura aun que hay que respetar las leyes de la economía, y evitar que los hombres, siendo tan numerosos, perturben el buen funcionamiento del mercado.

En pocas palabras, se ha instrumentado toda una dinámica; ya que estas cosas que son los cuerpos no son personas, se puede disponer de ellas, tanto antes como después del nacimiento. La gestión de la riqueza humana debe obedecer a las mismas reglas que presiden la gestión de los demás bienes materiales.

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