¿La liberalización del aborto es la consecuencia de una nueva percepción del cuerpo humano?

Una concepción estrecha de la libertad abre necesariamente la vía a una concepción empobrecida del cuerpo. A pesar de las apariencias, asistimos actualmente a su desvalorización. Esta es perfectamente perceptible en el fenómeno de la canibalización: se considera que el cuerpo humano es una reserva de órganos que se pueden tomar como injertos. Una vez desconectado de la persona, el cuerpo se vuelve un lugar de la amoralidad. La corporeidad ya no se percibe como la dimensión de la personalidad mediante la cual el hombre está situado en el mundo y en el tiempo, gracias a la cual entra en relación interpersonal con otros sujetos.

Esto es particularmente visible en el comportamiento sexual. El cuerpo es reducido a objeto de placer individual. La relación sexual se trivializa porque se despersonaliza y se vuelve simple fuente de placer. Ahora bien, como esta relación se despersonaliza, la pareja se vuelve intercambiable. Lo que cuenta es el goce y la variedad de los placeres. La razón individual que los calcula y compara, también es convocada para perfeccionar las técnicas más adecuadas para su satisfacción.

Incluso el niño es percibido según una aritmética de los placeres. Es a la vez percibido como cuerpo que estorba, de quien al aborto dará cuenta, o como objeto que proporciona placer a la pareja, o incluso como medio de placer de uno de los dos.

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