En materia de demografía, los moralistas católicos ¿no son de mala fe? En efecto, dicen que el desarrollo trae consigo la caída de la natalidad, pero ocultan que esta caída de la natalidad es obtenida, en los países desarrollados, por métodos que la Iglesia condena.

a) Es cierto que es en gran parte a causa de estos métodos condenados por la Iglesia por lo que la demografía retrocede en los países ricos. La mejor prueba de que estas técnicas son malas, y que la Iglesia tiene el derecho y el deber de condenarlas es justamente que los países en donde se emplean más han caído por debajo de las tasas de fecundidad necesarias para el remplazo de las generaciones. En los países ricos, esta tasa es de 2.1 niños por mujer en edad de procrear. Vemos bien que estos métodos son malos por los resultados a los que conducen. Si se siguen aplicando como se les aplica, las naciones en donde se utilizan desaparecerán a larga escala. De 1960 a 1990, el número de niños por mujer en edad de procrear pasó de 2.37 a 1.45 en Alemania; de 2.41 a 1.26 en Italia; de 2.57 a 1.60 en Bélgica. En Francia pasó de 2.56 a 1.62 a pesar de la importancia de la inmigración, que a su vez plantea diferentes problemas. ¿Exageramos cuando, en ese caso, hablamos de suicidio de un pueblo?

¡Que no se espere, pues, que la Iglesia apruebe estos métodos! Vale más tomar nota de los estragos que causan en los países donde han sido ampliamente utilizados; en conclusión, no son buenos.

b) Por el contrario, es completamente justo decir que en un país donde no hay por completo ninguna protección eficaz de los pobres, la pobreza exacerbada aumenta extraordinariamente el deseo de tener muchos niños, porque es el único medio de sobrevivir. Todos los que trabajan sobre el terreno saben que los pobres dicen a menudo: "Habrá por lo menos uno u otro de mis hijos que me alimentará y me cuidará cuando yo sea viejo".

¿Cómo no darle la razón a la Iglesia? Ella dice que en las sociedades que no protegen a las capas pobres de la población es la pobreza misma la que empuja a la gente a esta conducta de sobrevivencia enclavijada al afecto de un hijo. La razón profunda y por otro lado única que inspira esta conducta, y que está perfectamente identificada por... Marx, es que el hijo es la única riqueza del pobre. Tener numerosos hijos es el único recurso de que disponen los pobres para subsistir en el futuro.

Cuando no hay seguridad social, ¿quién va a alimentar a las personas entradas en años, si no lo hacen sus hijos? Y como estos hijos son ellos mismos víctimas de una tasa de mortalidad muy elevada porque están mal atendidos y no comen lo suficiente, hay que hacer muchos para sobrevivir. Entonces, es perfectamente lógico decir que cuando se lucha eficazmente contra la pobreza, esta búsqueda de seguridad - que viene de la prole - pierde su razón de ser. Tal situación nueva disminuye entonces el deseo y la necesidad de tener una descendencia numerosa.

c) Los moralistas católicos no tienen por lo tanto ninguna razón en ocultar una situación semejante. Deben, al contrario, denunciarla y contribuir a darle un remedio. A quienes le piden aprobar sus métodos modernos, la Iglesia recomienda: "Constaten ustedes mismos a dónde lleva lo que hacen. Se les ha dicho que estos métodos son malos; vean: la naturaleza misma les muestra que ustedes se hacen daño y que hacen daño a los demás".

d) Sin embargo, la Iglesia nunca ha pretendido sostener que sea fácil obtener una regulación de los nacimientos, en una población dada, mediante métodos honestos. A pesar de todo subraya un hecho regularmente ocultado, a saber, que cuando se emplean métodos deshonestos e inhumanos, se va a la catástrofe. Ya sea que no funcione, o bien que se mate a alguien.

Se acabaría, pues, por preguntarse si el reproche de hipocresía no debe ser enviado en otra dirección.

blint.gif (141 octets) Página siguiente

blint.gif (141 octets) Página anterior "La Iglesiad y la demografía".

blint.gif (141 octets) Página anterior "Indice de materias".