¿Por qué los ideólogos de la seguridad demográfica le dan una gran atención a los problemas ecológicos?

En sus diferentes formulaciones, la ideología de la seguridad demográfica retoma, modernizándola, la doctrina bien conocida del espacio vital. Es, entre otras, en nombre del derecho de la raza aria al espacio vital que le era - pretendidamente - indispensable, como el Estado nazi se lanzó a guerras con fines expansionistas.

a) Cuando los ideólogos de la anticoncepción y de la contragestión conforman sus discursos de puesta en guardia relacionados con el deterioro del medio ambiente y el agotamiento de los recursos naturales, hay motivo para redoblar la vigilancia. Paralelo al discurso de la demografía, el discurso sobre el ecosistema es regularmente llamado al rescate del discurso antinatalista. Amenaza con disimular los mismos móviles y con ser llamado a "legitimar" los mismos programas de reducción de la población pobre.

Como en tiempos de Malthus, se pone en sordina la capacidad que tiene el hombre de aportar "algo más" a la naturaleza, y se asegura que la "riqueza humana" debe ser estrictamente contenida en los límites que algunos tecnócratas se encargan de definir.

b) Los poderosos del mundo entero ponen aquí en obra, a su provecho, la doctrina del espacio vital, que sus precursores invocaban en favor de la raza. Sin embargo, esta invocación del derecho del espacio vital va aquí más lejos de como iba a principios de siglo. En efecto, los ricos y los fuertes esperan no sólo preservar su bienestar actual sino que hacen valer de alguna manera un derecho preferente sobre todos los recursos naturales, así como sobre los medios que permitan su tratamiento. Sabiendo que los pobres no tendrán la capacidad de aumentar su valor; los ricos se reservan por adelantado su uso. De alguna manera se apoderan del porvenir.

Esta concepción del espacio vital permite en particular a los Estados Unidos reinterpretar la idea que se hacen de su frontera.1 Se entiende aquí como una zona de movimiento constante alcanzada por exploradores que esperan reemplazar a los "indígenas" - a veces matándolos - con el fin de apropiarse del beneficio de los recursos naturales que, según ellos, "los indígenas son incapaces de explotar convenientemente". Esta frontera debía ser desplazada hacia el sur (como a principios de la Guerra de Secesión) y hacia el oeste; también se desplazó hacia el suroeste por la anexión de territorios pertenecientes a México. Pero esta frontera no deja de desplazarse hasta nuestros días, en particular hacia el subcontinente latinoamericano, considerado - desde Monroe - como el "jardín" de los Estados Unidos. Un jardín que no deja de extenderse, bajo control reforzado.

d) Los países ricos extienden su "derecho preferente", al saber y al savoir-faire. Conservan celosamente para ellos los sectores de vanguardia. Valiéndose, por ejemplo, del GATT, seleccionan cuidadosamente los conocimientos que están dispuestos a compartir. Los Estados Unidos se retiraron de la UNESCO cuando se dieron cuenta de que los países del Tercer Mundo reclamaban un "nuevo orden mundial" de la información. Con ellos, los otros países ricos saben que una población numerosa, si está bien formada, es fuente de desarrollo porque es propicia a los intercambios. ¿Pero cómo olvidar que todos los totalitarismos se ocupan de empobrecer estos intercambios, palizando con esto a los pueblos en el subdesarrollo?

e) De este modo aparece la conexión estrecha que existe entre las campañas de control de la vida humana y la mentalidad conservadora. Los poderosos de este mundo consideran que su seguridad es el fundamento de sus derechos. No sólo de su derecho a controlar al conjunto de la población mundial, sino a controlar al conjunto de los recursos, incluyendo los intelectuales. Ahora bien, esta obsesión de la seguridad engendra, en los individuos como en las sociedades, una avaricia de un nuevo tipo y una inhibición de la creatividad. Esta avaricia consiste en invocar la mundialización de la sociedad humana y del mercado, para sustraer a los pobres la disposición de sus recursos naturales. Los ricos y los fuertes quieren perpetuar el presente; no hacen más que previsiones.

Inclusive hacen malas previsiones, porque a fuerza de afirmar que un niño "cuesta", no toman en cuenta que normalmente llegará un día en que "traerá" provecho. Al igual que todos los avaros, los ricos imaginan el porvenir como la consolidación de su bienestar actual. Se niegan a hacer la menor prospectiva, ya que ésta los llevaría a cuestionar generosamente las prácticas actuales en nombre de un mundo más justo, más solidario que quisiéramos ver surgir mañana.

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  1. Cfr. Peter Bauer, The Development Frontier, Harvard University Press, 1991.

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