¿No hay que distinguir cuidadosamente la anticoncepción hormonal de la esterilización?

a) Antes que nada, no hay que perder de vista que muchos productos anticonceptivos son igualmente antinidatorios, es decir abortivos. Una vez recordado esto, hay que constatar que la mayor parte de los métodos anticonceptivos clásicos tienen en principio un efecto temporal, mientras que la esterilización se pretende definitiva, siendo las técnicas de reversibilidad, como es sabido, muy aleatorias.

b) Pero es precisamente el carácter temporal y provisional de la anticoncepción lo que crea un problema particular. El mecanismo psicológico que interviene aquí es bien conocido de quienes están atentos al comportamiento humano; la anticoncepción separa la procreación y el placer, pero, según ellos, de ningún modo es para rechazar definitivamente la transmisión de la vida, sino con el fin de posponerla eventualmente para más tarde. El placer está ahí, con su potencialidad generadora, pero esta potencialidad está suspendida y, psicológicamente hablando, la procreación es diferida o aplazada.

c) Una cosa es que los esposos recurran a medios honestos para posponer un nacimiento cuando circunstancias particulares justifican esta decisión; es incluso, si llega el caso, una manera para ellos de ejercer la paternidad responsable. Pero instalarse en una actitud habitual de aplazamiento de la procreación es cosa completamente distinta. Tal actitud no está exenta de riesgos, ya que cada uno sabe por experiencia que posponer una acción puede a veces significar no actuar del todo. Sabemos, por ejemplo, lo que ocurre con ciertos fumadores que afirman desear dejar de fumar; si aplazan incesantemente su decisión, acaban por nunca renunciar al tabaco. El ejemplo de los estudiantes universitarios es todavía más elocuente: algunos llegan a aplazar sin cesar su decisión de ponerse a trabajar para el examen y terminan por arrancar demasiado tarde.

d) En materia de anticoncepción, intervienen mecanismos psicológicos análogos. Jóvenes parejas disocian placer y procreación, afirmando que es para diferir esta última. Ahora bien, a medida que el tiempo pasa, estas parejas ven instaurarse en ellas una perplejidad creciente: ¿No nos hemos vuelto demasiado viejos para tener hijos? Y, tan pronto como la mujer se acerca a los 35 años, otra consideración la confirma en su perplejidad psicológica; se le explica que a su edad crece el riesgo de traer al mundo a un niño anormal.

De este modo se ve contraído el período de fecundidad efectivo de las parejas que practican la anticoncepción. Mientras que la fecundidad de la mujer se extiende naturalmente de 15 a 49 años aproximadamente, el período de fecundidad de las parejas que recurren a la anticoncepción se reduce a algunos años y a veces desaparece totalmente.

Es, pues, evidente que la trivialización de la anticoncepción es una de las principales causas del hundimiento demográfico de los países llamados desarrollados.

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