Nos hemos vuelto sensibles a la calidad de la vida. Muchos niños concebidos serán desdichados y no tendrán una vida de calidad. El aborto previene este problema y lo resuelve.

a) Puede tenerse alguna razón al pensar que el contexto en el que vivirá no es favorable a la felicidad de tal niño por nacer. Ante esta interrogación uno puede preguntarse cual es la solución más humana: ¿suprimirlo o esforzarse por crearle mejores condiciones de existencia?

b) La proposición examinada parte del presupuesto siguiente: la vida sólo vale la pena de ser vivida a partir de cierto umbral de calidad. Es evidente que estamos aquí en el campo del subjetivo integral. ¿Qué es esta calidad de vida? y ¿en dónde se sitúa dicho umbral? Estaremos de acuerdo en que lo que hace la felicidad de uno no es la felicidad del otro, y que Pedro logra sonreír ahí en donde Pablo piensa en el suicidio.

c) Si es legitimo matar a un ser humano porque corre el riesgo de ser tan pobre que su vida no valdría la pena de ser vivida, entonces es legítimo matar a todos los que, desde ahora, mueren de hambre. Evidentemente, nadie se atrevería a sostener esta consecuencia que, no obstante, es rigurosa. El vicio del razonamiento aparece así con toda claridad: la solución de la pobreza no es suprimir al pobre sino compartir con él.

d) Nuestra sociedad nunca ha sido tan rica. Bastaría una política bien pensada, bien aplicada y bien controlada de ayuda a la maternidad para que todo niño al nacer disponga materialmente de lo más indispensable para asegurarle una existencia digna.

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