El diagnóstico prenatal permite detectar a los mongoles. Ante este progreso de la ciencia, ¿se tiene derecho a dejar vivir a un niño que será una cruz para sus padres y cuya vida no alcanzará jamás su plenitud?

¿Conocen ustedes al célebre bajo Ruggero Raimundi? El 23 de noviembre de 1989 contaba una cosa sorprendente en la radioscopia de Jacques Chancel. Fuera del teatro, Raimundi no canta nunca. Sólo hace une excepción: canta para su cuarto hijo, Rodrigo, que «nació con un cromosoma de más». Ahora bien, este pequeño mongol fue aceptado, acogido, por los Raimundi - papá, mamá y los tres hermanos mayores. "Para mi esposa y para mí, ahora Rodrigo es un regalo de Dios. Un don del cielo. El nos permitió descubrir profundidades del alma que ni sospechábamos en nosotros[...] Tesoros que en las circunstancias normales de la vida no 'vemos' porque pasamos al lado". Y con su sensibilidad de artista, Raimundi agregaba: «Todavía ahora, mucha gente, cuando oye la palabra mongol piensa que hay que rechazarlos, no dejarlos nacer o recluirlos en hospitales, en lugares especiales. Creo que es un error espantoso. A los niños mongoles hay que mantenerlos en el ambiente familiar. Hay que amarlos, envolverlos de afecto. El amor que ustedes les dan, ellos se los devuelven al céntuplo, ¡infinitamente! Ustedes no pueden imaginar mi felicidad cuando regreso con Rodrigo y canto para él. Es indescriptible. Rodrigo es extraordinariamente afectuoso. Sin duda porque se siente aceptado tal como es...».

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