¿La mujer no es dueña de su cuerpo?

Salvo en las regiones en donde subsiste la esclavitud, ningún ser humano puede convertirse en propiedad de otro, objeto del derecho de otro. Ahora bien, el niño no nacido no es un órgano de su madre; es un ser único, distinto, con su individualidad genética propia. Este ser único seguirá una evolución original, sin solución de continuidad. La mujer no puede disponer de la existencia de este ser de la manera en que lo hacía con sus hijos el pater familias romano en un momento dado.

De esto se desprende una cuestión previa por aclarar: hay que saber a qué sociedad se desea llegar, qué sociedad se quiere promover. ¿Se desea una sociedad que acoja a todo ser humano, desde que su presencia es percibida?, o bien ¿una sociedad que restaure el privilegio de los amos e incluso su prerrogativa de disponer de la vida de los demás? Este último tipo de sociedad reposaría sobre bases muy diferentes a las que inspiran a las sociedades democráticas; se admitiría en ellas que no todos los seres humanos son de igual modo respetables.

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