Una ley que castiga el aborto es odiosa para la mujer y desconoce sus derechos.

Las leyes que reprimen el aborto no ponen en duda de ningún modo los derechos de la mujer, sino que ponen de relieve el derecho a la vida del niño concebido, derecho que se le escamotea en la actualidad. Lo que afirman estas leyes es que nadie puede disponer de la vida de un inocente. Ponen simplemente en obra el principio general característico de toda sociedad democrática: la igualdad de derecho de todos los seres humanos en lo que respecta a la vida. Entonces, el carácter penal de estas leyes no es más que la consecuencia de un derecho anterior, inalienable, del niño no nacido. Es la violación de este derecho lo que llama y justifica una sanción penal.

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