El informe sobre la Eutanasia

 

Interview de Klaudia Schank y Michel Schooyans

 

por Agnès Jauréguibéhère

para L’Homme Nouveau

Paris, junio de 2002

 

 

Klaudia Schank es Licenciada en Derecho y Licenciada en Relaciones Internacionales. Michel Schooyans, muy conocido por nuestros lectores, es Profesor Emérito de la Universidad de Lovaina. Ambos respondieron a las preguntas que les formulamos en relación a la obra inquietante que acaban de publicar sobre la eutanasia en Éditions Le Sarment.

 

 

¿Quiénes son los autores de esta obra?

 

         El libro que tradujimos1 es la obra del jurista Karl Binding y del psiquiatra Alfred Hoche; la primera edición data de 1920; la segunda de 1922. Binding, nacido en 1841 en Francfort-an-Main, era un eminente profesor de derecho. La imponente obra que dejó al morir en 1920 suscita todavía hoy un gran interés. Hoche, nacido en 1865 en Wildenhain, era profesor de psiquiatría. Se dedicó a escribir al final de su vida y se suicidó en 1943. La obra de estos autores se inscribe en la lógica de la evolución de las ciencias con su resultante concepción del hombre. Reducido a su dimensión corporal, el hombre deviene un ser unidimensional, desprovisto de toda apertura a la trascendencia.

 

 

¿Por qué un libro como ese en Alemania en 1922?

 

         Es principalmente en Alemania que se desarrollan, a partir de la segunda mitad del siglo XIX, diferentes movimientos científicos que contribuyen al surgimiento del nacionalsocialismo. Uno de los principales orígenes de estos movimientos se encuentra en la teoría de la evolución expuesta en la obra de Charles Darwin. Aplicada por Darwin a los seres vivos, la idea de la evolución es poco a poco aplicada también a la sociedad. Esta es comparada a un organismo en el cual el hombre es reducido a ser sólo un miembro. En este contexto nace la idea según la cual el hombre tiene una responsabilidad personal en la evolución. Toda acción que se oponga al principio de la lucha por la vida y de la selección de los más aptos conduce inevitablemente a la degeneración de la especie humana y en consecuencia a la de la cultura alemana.

         Para luchar contra esta degeneración, y prevenirla, los "higienistas" de la raza alemanes proponían medidas destinadas al mejoramiento del patrimonio hereditario. Rápidamente, sus proposiciones fueron transformadas en reivindicaciones eugénicas y raciales.

         Solamente aquellos que eran juzgados aptos tenían el derecho de reproducirse. Influenciados por la ciencia de la raza, con su postulado sobre la superioridad de la raza nórdica, estos "higienistas" limitaban su misión a la conservación del pueblo alemán.

 

 

¿Cuáles fueron las grandes líneas de la argumentación desarrollada?

 

         La exigencia de Binding y Hoche intentando liberalizar la destrucción de una vida indigna de ser vivida constituye una prolongación de las ideas que acabamos de recordar. Ellos también se otorgaban el derecho de juzgar el valor de un ser humano y de relativizar su dignidad.

         Según Binding, el hombre es el soberano de su vida. De donde proviene la legitimación moral y jurídica del suicidio, lo que, según Binding, conduce lógicamente a la liberalización de la eutanasia. Esta liberalización, debe en primer lugar aplicarse a la "eutanasia pura", que remplaza simplemente la causa de la muerte por otra, luego a la eutanasia de los enfermos incurables que piden con insistencia ser librados de sus sufrimientos, y finalmente a la eutanasia de los deficientes mentales. La decisión de proceder a la destrucción, tomada por un Comité de Liberalización, se funda en un deber legal de compasión. La eventualidad de una decisión tomada por error, casi no preocupa a los autores. Hay tanta gente que muere por error que una persona más o menos no pesa en el balance...

         Hoche, por su parte, desarrolla toda una argumentación dirigida principalmente a justificar medicinalmente el homicidio de discapacitados mentales. Para ello coloca a estos últimos en el mismo nivel que los animales. Según Hoche, los discapacitados mentales no pueden consecuentemente atribuirse un derecho subjetivo a la vida. Hoche los caracteriza sin dudar de "existencias-lastre y caparazones humanos vacíos".

 

 

Según ustedes, una gran parte de la argumentación de los partidarios actuales de la eutanasia figura ya en el informe de 1922. ¿Podrían darnos algunos ejemplos?

         

         Casi todos los argumentos invocados hoy a favor de la eutanasia ya se encuentran bajo una forma u otra en la obra de Binding-Hoche. Un gran número de "razones" invocadas por estos autores son reutilizadas hoy: autonomía, libertad, dignidad, curación, compasión, inutilidad económica, peso para la sociedad, calidad de la especie, etc.

 

 

Para ustedes, al dar una justificación jurídica y médica de la eutanasia, Binding y Hoche tienen una parte de responsabilidad en el establecimiento de la "solución final" por el Tercer Reich. ¿Los nazis se referían explícitamente a esta obra?

 

         La argumentación de Binding y Hoche tuvo un impacto considerable en el curso de la historia. La responsabilidad directa de estos universitarios en la elaboración y puesta en ejecución de los programas de exterminación de discapacitados, adultos y niños, no deja ninguna duda. De esta manera, abrieron ampliamente la vía al holocausto y a la banalización del "don de la muerte" por motivo de incorrección política o de no conformidad biológica. Con la llegada del nazismo al poder, se desencadena en Alemania un debate público sobre la eutanasia. Es en la revista Ethik donde los diferentes protagonistas toman la palabra. Los partidarios de la eutanasia, entre los cuales un teólogo llamado Rose, se refieren frecuentemente a la obra de Binding y Hoche. El mismo Hoche interviene personalmente en el debate. Dado que está establecido que toda esta discusión era seguida de cerca por la Administración y el Estado nazi, podemos afirmar sin recelo que los dos autores prepararon a los burócratas, a los médicos y psiquiatras no solamente para la aceptación, sino también para la ejecución de las muertes en masa a partir de 1939, e incluso antes.

 

 

¿Y la eutanasia hoy?

 

         Todas las ideas que hemos evocado, persisten en el centro del debate sobre la eutanasia. Sin caer en un reduccionismo ciego, formulémonos ciertas preguntas. ¿Cuáles son actualmente los peligros que resultarían de una legitimación política de la eutanasia? ¿Esta legitimación estaría totalmente exenta de motivaciones económicas y sociales? ¿Esta legitimación no nos colocaría sobre una pendiente peligrosa? ¿No estamos siendo arrastrados, a pesar nuestro, a incontables situaciones que nos llevan a emitir un juicio sobre la dignidad humana? ¿No se llega así a crear categorías de hombres en las cuales la vida ya no se beneficia del derecho de una protección legal? En Bélgica, por ejemplo, ¿no consideran algunos ya el debate sobre la eutanasia en los casos de deficiencia grave?

 

 

¿Cuál consideran ustedes entonces el corazón del problema?

 

         Se debe plantear claramente la cuestión de la definición de un acto de eutanasia. Un médico que administra analgésicos con el único fin de aliviar los dolores de un moribundo, cumple su deber de médico. Cuando la enfermedad se vuelve incontrolable, no se mata; el acto terapéutico cambia de objeto y se concentra en controlar el dolor. El médico toma ciertamente el riesgo de acortar así la vida, pero lo que quiere y lo que hace, es elegir la medicación adecuada para calmar el dolor, no para matar. En este caso, por lo tanto no hay eutanasia. La eutanasia es una muerte dada intencionalmente, reputada sin sufrimiento, por medio de técnicas médicas. Es la Tötung de Binding-Hoche. Ahora bien, ¿quién soy yo para declarar que una vida humana no vale la pena de ser vivida y en consecuencia que puede ser libremente destruida?

         Queda por saber la significación real de la compasión. El pedido de eutanasia traduce una profunda angustia, un sentimiento de abandono, y por lo tanto el fracaso dramático de una comunicación, gracias a la cual, si fuese realizada, el enfermo percibiría que su dignidad continúa a ser percibida por los otros. Lo que les falta sin duda a los moribundos es el afecto: una comunicación en el seno de la cual el paciente se descubre amado. ¿La mejor forma de ayudar a alguien a morir con dignidad consistiría en darle la muerte?

 

Traducción a cargo de la Dra Beatriz de Gobbi.

 

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  1. La referencia de esta obra es: Klaudia SCHANK y Michel SCHOOYANS, Euthanasie. Le dossier Binding-Hoche, Traduction de l’allemand, présentation et analyse, Paris, Éditions Le Sarment, 2002.

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