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La ONU y el caso a la verdad

En junio se llevará a cabo en Nueva York una importante reunión de las Naciones Unidas para conmemorar la Conferencia de Pekin, en 1995, sobre la mujer. En septiembre, se realizará una Asamblea general de las Naciones Unidas, llamada Asamblea del Milenio. En las discusiones preparatorias a esas dos reuniones se nota la presencia del miedo obsesivo de la diferencia y de la disidencia. Lo que tiende a imponerse es el imperio del consenso y lo que Tocqueville llamaba la tiranía de la mayoría.

 

El contagio mimético

Uno de los temas centrales de las dos reuniones será la cuestión de los llamados "nuevos derechos" del hombre, entre los cuales se intenta, desde hace años, incluir al aborto. Ahora bien: la tendencia a propagar "nuevos derechos" humanos revela que tanto en la ONU como en el IPPF y en diversos parlamentos nacionales, se explota lo que el filósofo francés René Girard llama el "mecanismo del contagio mimético", eso es la tendencia a imitar la violencia a la cual ceden los otros.

Los "nuevos derechos" deben moldear las costumbres, los "valores" que inspiran las conductas. Los "nuevos valores", resultando de procedimientos consensuales, despiertan el deseo de imitación, inducen las conductas miméticas. Todos acaban, o deberían acabar, imitando el comportamiento definido por los "nuevos derechos" e por los "nuevos valores". Los medias se encargan de propagar esta tendencia imitativa al conjunto de la sociedad.

Cuando se examina más precisamente la cuestión de los "nuevos derechos" humanos, se nota que el deseo de imitar a los otros se manifiesta en el contagio fulgurante con que se divulga el no-respeto por la vida humana. La transgresión provocadora de algunos desencadena la aceleración de la conducta imitativa. Los pioneros del aborto ilegal son imitados, festejados, elogiados por su "valentía"; el aborto pasa a ser despenalizado, después legalizado; finalmente debería tornarse en un "nuevo derecho" humano, universalmente admitido.

Este contagio imitativo o mimético es, hoy en día, la mayor señal de los tiempos que interpela a los cristianos y a los hombres de buena voluntad. El derecho fundamental del ser humano a la vida y a la integridad física acaba siendo cada vez mas frágil. Este derecho está siendo arruinado por un consenso imitativo galopante que quiere presentar e imponer el aborto, los nuevos modelos de unión, la eutanasia como "nuevos derechos" humanos.

 

El inocente culpable

El caso dramático del aborto (50 millones al año en el mundo; 54 mil en 98 en España, o sea 8% mas que en 97, según el Ministerio de la Salud, febrero 2000) que, en el ámbito de la ONU se intenta empujar, con insistencia y desde años, como "nuevo derecho" humano, es mucho más que un ejemplo ilustrativo entre muchos otros. En realidad, el aborto es el caso principal que ilustra la tendencia imitativa hacia la violencia erigida como derecho, y hacia el don de la muerte como expresión de la libertad soberana.

De hecho, en el caso del aborto, el inocente absoluto es declarado culpable. Él es el mal de la contracepción fracasada; el obstáculo a la carrera y al confort; es el obstáculo inadmisible que se opone a mi libertad; es el freno al enriquecimiento y al desarrollo. A la inocencia total debe corresponder la violencia absoluta. El inocente merece ser linchado. Por consiguiente, debe ser designado como víctima, como chivo expiatorio, inclusive como víctima culpable, y debe ser tratado como tal, con la violencia que lo hará callar y desaparecer.

Lo mismo se dice de los pobres del Tercer Mundo que se esterilizan, de los enfermos terminales a los cuales se aplica la eutanasia, de los mendigos y de los niños de la calle que se fusilan.

El lenguaje popular refleja bien esta tendencia a la imitación, este contagio mimético: dicen que el aborto, la esterilización de los pobres, la eutanasia "entraron en las costumbres".

La tarea más noble, y fundamental, que se impone hoy en día a todos nosotros consiste en la defensa unánime e incondicional de la vida humana en todos la estadios y etapas de la vida. Esto requiere compromisos individuales y políticos. Debemos denunciar estas negaciones del derecho fundamental a la vida y a la integridad física que clama a los cielos. En caso que no lo hagamos, luego seremos mobilizados para ser artesanos de la muerte.

La democracia, a la edificación de la cual somos invitados a colaborar, empezó el día en que El Inocente gritó su inocencia, en que este grito fue oído. Esto ocurrió en Viernes Santo, se repitió frecuentemente en la historia, — en particular el día 13 de mayo de 1981: "¿Por qué me hicieron esto?" preguntó Juan Pablo II momentos después de su atentado. Tal es el grito de la Víctima Inocente, que el contagio mimético desearía de presentar como culpable.

"Cuantas veces hicisteis eso a uno de mis hermanos pequeños a mí me lo hicisteis" (Mt 25, 40). Tal es la Carta Magna del cristiano comprometido con la vida. Hoy en día, debemos rehusar la tendencia a imitar la violencia que intenta legitimarse a través de los "nuevos derechos", rechazar la violencia mimética, el linchar a las víctimas inocentes. Todos los recursos que utilizamos en nuestra acción apenas tienen sentido en la medida en que sean aplicados a la defensa sin temor de la vida en todas sus fases. Es lo que hicieron muchos santos a lo largo de los siglos. Hicieron esto simplemente siguiendo el ejemplo de Cristo, que devolvió su dignidad a todas las víctimas inocentes.

Conforme al Buen Samaritano, es a estas víctimas a quienes debemos dar la prioridad. Es para ellas y con ellas que debemos construir una sociedad de comunión y de solidaridad.

¿Los derechos negociados?

Hasta cierto punto la Carta de San Francisco (1945), pero sobre todo la Declaración Universal de los Derechos humanos de 1948 constataron que la gran causa de la IIª guerra mundial y del totalitarismo contemporáneo fue el desprecio del hombre y de sus derechos inalienables. Por eso, la Declaración proclama, esto es, reconoce que todos los individuos humanos sin excepción tienen la misma dignidad y los mismos derechos: a la vida, a la libertad de expresión, de asociación, de religión, de fundar una familia, etc.

Es sobre esas bases que la ONU se compromete a incentivar la paz interior y exterior de las naciones, el desarrollo y la solidaridad. Esa finalidad deberá ser alcanzada a través de medidas políticas y jurídicas progresivas, adaptadas a cada situación nacional, mas convergiendo hacia la promoción y la protección universal de estos derechos humanos fundamentales.

Consecuencia de una evolución pocas veces notada, la ONU de hoy elaboró, patrocina y quiere aclimatar una concepción de los derechos humanos profundamente diferente de la de 1948. En 1948, la ONU constataba la igual dignidad de todos los hombres, y desvendaba, declaraba sus derechos. Para la ONU del año 2000, los derechos humanos son el producto de un consenso, de una negociación perpetua. Para la ONU de hoy, ya no es posible alcanzar juntos la verdad sobre al hombre y su valor. Una verdad sobre el valor del hombre está fuera de nuestro alcance. Debemos contentarnos con una posición agnóstica. Los valores expresan la frecuencia de elecciones, de las preferencias.

Entonces, frente a esta imposibilidad de inclinarnos frente a una verdad que se nos impone por si sola, debemos encontrar una nueva concepción de los valores. Estos resultarán de decisiones tomadas por consenso, al cabo de un proceso de discusión entre personas que no tienen medios para llegar a una verdad sobre el hombre, ni a normas morales objetivas. Por ejemplo, la norma tradicional "No matarás" ya no se impone más. El derecho a la vida será modulado, esto es relativizado, de acuerdo con las situaciones particulares y con la sensibilidad de aquellos que participan en el proceso de decisión. Es lo que pasa por ejemplo en los comités de ética.

Conviene subrayar que la primera decisión a ser tomada por consenso concierne la regla de la mayoría. Se decide, detrás de un "velo de ignorancia", que si no se puede llegar a una decisión por consenso, se impondrá la decisión de la mayoría.

Es a través de este procedimiento consensual, que la ONU se esfuerza en introducir nuevos derechos humanos. Estos ya no se imponen por su valor intrínseco, por la fuerza de la verdad. Se imponen por la voluntad de quienes adhieren al consenso, eso es, finalmente, por la fuerza de la mayoría.

Algunos otros ejemplos famosos ilustran lo que acabamos de explicar. Entre los "nuevos derechos" preconizados por la ONU figuran los "derechos reproductivos". Nuevos derechos serían los nuevos modelos de uniones: homosexuales, lesbianas, así como la eutanasia, el aborto, la emancipación sexual de los adolescentes, etc.

Centremos una vez más nuestra atención al caso del aborto. Las primeras leyes despenalizaban el aborto, lo autorizaban bajo algunas condiciones. La ley francesa de 1975 introducía una derogación, abría una excepción al principio general según el cual la ley protege la vida humana desde la concepción hasta la muerte natural. Hoy en día un esfuerzo enorme está siendo realizado para que el aborto sea admitido como un nuevo derecho humano.

Programas de acción aprobados — dicen — por consenso al cabo de conferencias de la ONU, pactos y convenciones internacionales son invocados para intentar propagar este y otros así llamados "nuevos derechos" y para debilitar las legislaciones nacionales, o bien para intimidar a los jueces. De esta manera la soberanía de las naciones se encuentra cada vez mas amenazada y reducida.

Si los "nuevos derechos" humanos fuesen aceptados "por consenso", los que se opondrían a los mismos serían denunciados como opuestos a los derechos humanos e intimados a comparecer, para ser juzgados y condenados, frente a las jurisdicciones especialmente instituidas para estos "crímenes". Quien se opondría, por ejemplo al aborto, sea un particular, sea una institución (como la Iglesia), podría ser condenado por oponerse al aborto, o a la legalización de las uniones homosexuales, o a la eutanasia, etc.

La ONU contra la Iglesia

Esta situación explica la actual campaña de ataques contra la presencia del Observador de la Santa Sede en la ONU, en Nueva York. La Santa Sede no pide dinero a la ONU, no le debe favores. Entonces hay que presionarla de otra manera, primero para intimidar a las naciones que apoyan las posiciones de la Santa Sede en el recinto de la ONU. Segundo para que la Santa Sede se calle, pues su posición no se funda de modo alguno sobre un consenso cualquier, o sobre la voz de la mayoría; se funda, si, sobre la verdad. Una verdad que era reconocida y proclamada por la ONU del 48, pero que la ONU del año 2000 está abandonando para dejar espacio a la voluntad de los más fuertes.

La presencia cristiana incomoda a la ONU del año 2000, porque en materia antropológica, esta ONU rechazó toda y cualquier referencia a la verdad. Hoy en día, apoyada por países valientes, la Santa Sede cuestiona el consenso en el recinto de la ONU. A esta le gustaría llevar la comunidad mundial a votar y ratificar el derecho al aborto y los demás "nuevos derechos" humanos. Sin embargo, salta a los ojos que la Iglesia no puede admitir que se rechace toda referencia a la verdad, como si el hombre fuera incapaz, e incluso le fuera prohibido, declarar algo de verdadero sobre sí mismo.

Ya que la Iglesia, así como la tradición política y jurídica pre-cristiana, considera que el hombre es Él valor por excelencia que se impone al hombre, presiones teleguiadas y financiadas por el laicismo, quieren echar a la Iglesia y a los cristianos fuera de la comunidad mundial. Quieren que, gracias al mecanismo del contagio imitativo, triunfe el agnosticismo intolerante y la violencia.

 

Un totalitarismo laicista con los días contados

Pero a esa ONU, nosotros decimos solamente: ¡Cuidado!

Están instalando una nueva religión totalmente secularizada y paganizada;

Están instalando un magisterio que pretende producir e imponer un Pensamiento Unico;

Están montando nuevos tribunales inquisitoriales para perseguir a los que son considerados "políticamente incorrectos".

Están atropellando y destruyendo todos los focos que resisten a sus pretensiones y planos de acción: la persona, la familia, la Nación y el Estado, las religiones.

Están instalando un nuevo totalitarismo: desprogramando a los hombres, alienándolos de la verdad relativa a su propia dignidad, y reprogramándolos a partir de principios mentirosos rotulados de "nuevos derechos" humanos.

Están instalando una nueva Internacional a la vez socialista y liberal:

Pero como todo sistema que tiende hacia el totalitarismo, él de una cierta ONU sufre con un vicio incurable: carece de verdad. Esta ONU se niega reconocer la dignidad humana, la familia, la sociedad civil, las Naciones, el Estado. Esta ONU quiere modelizar la humanidad total.

Mas va a ocurrir con esta ONU lo que ocurrió con todos los regímenes funestos del último siglo. Sus días están contados porque su edificio está construido en la arena. Sus días están contados porque están divididos como ya está dividido el reino de Satanás. Sus días están contados porque no respetan a los seres humanos más vulnerables. Sus días están contados porque se funda en una estructura de pecado.

La ONU, que tantos hombres de buena voluntad comporta entre sus oficiales, que tantas cosas buenas hizo y sigue haciendo, necesita urgentemente un examen de conciencia y un audit, una evaluación; porque el mal y la mentira que propagan algunas de sus principales agencias, apoyadas por el IPPF y otras organizaciones nogubernamentales, acaba con la credibilidad del conjunto y corroe la legitimidad de la institución.

Una pantalla para los fracasos

Además, los "nuevos derechos" preconizados por la ONU no pueden servir de pantalla para esconder otros fracasos vergonzosos: en la educación, en los cuidados básicos de salud, en la lucha contra la pobreza. Hay que dar cuentas por 50 años de éxitos limitados en estos campos.

Hay que dar cuentas por tantos fracasos en proteger o restablecer la paz. Nosotros también tenemos memoria. Fracasos, por ejemplo, en Bosnia, en Somalia, en Angola, en Cambodgia, en Tibet, a Kaboul, en Rwanda, en Kosovo, en Timor, en Chechenia.

¿Con qué autoridad, entonces hablar de "nuevos derechos" humanos que son "derechos" a dar la muerte y a destruir la familia?

 

La conversión a la verdad

A esta ONU, nosotros católicos, le decimos que su desprecio por la persona humana, por las familias, por las minorías, por las naciones, la desacredita.

¡Convierta-se a la verdad!

A la verdad del hombre, de su dignidad, de su integridad física y espiritual;

A la verdad del valor de la mujer, que por su índole propia hace prevalecer la ternura sobre la fuerza;

A la verdad de la familia, que es monogámica y heterosexual, donde se vive la plenitud del amor humano, donde se acoje la vida, donde se forma primordialmente la personalidad del nuevo ser humano.

A la verdad de la sociedad civil que se funda tanto sobre la sociabilidad del ser humano como sobre los valores reconocidos libremente y no impuestos de fuera.

A la verdad de la sociedad política libremente escogida por los ciudadanos, y autónoma tanto en su organización como en sus leyes.

A la verdad de la subsidiaridad que limita el poder de intervención de los Estados, y a fortiori de las organizaciones internacionales, para estimular la creatividad responsable de las organizaciones intermediarias y de los particulares.

Mientras la ONU no haga esta conversión, apenas podrá contar con nuestro apoyo para las decisiones en plena armonía con la dignidad del ser humano. Y con nuestra resistencia en los casos contrarios.

Por haber abandonado sus referencias fundadoras el edificio de la ONU hoy en día está fisurado y el peligro de su implosión no escapa al observador atento.

La ONU que rechaza solapadamente los valores declarados en 1948 no tiene futuro. Para salvarse, la ONU precisa de la verdad, la que estaba declarada en 1948 y que justifica su existencia y legitima su misión.

La ONU necesita de la verdad que ofrece la Iglesia sobre el hombre, su origen divino, su destino que es la felicidad definitiva.

La ONU necesita de los cristianos, que están dispuestos a mobilizar su inmenso potencial mundial para apoyar instituciones que respeten y promuevan a la dignidad del hombre.

 

Digo más:

La ONU precisa de la Iglesia y de los cristianos porque ella necesita liberarse de la mentira y de la violencia.

¡Basta de sofocar la verdad!

¡Basta de despreciar la familia!

¡Basta de interferir en la intimidad de los matrimonios para "administrar" su poder inalienable de transmitir la vida!

¡Basta de atropellar los seres humanos mas débiles!

¡Basta de limitar la soberanía de las naciones!

¡Basta de instalar una globalización que controlará toda la economía mundial!

¡Basta de la construcción insidiosa de un gobierno mundial escapando al control de los hombres y de los Estados!

¡Basta de querer imponer a la humanidad un sistema de domesticación ideológica a través del control de los medias!

¡Basta de querer dominar el mundo valiéndose de una concepción perversa del derecho!

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* *

Hace más de cinco siglos, se realizó aquí en Granada la reconquista más famosa de la historia. Obviamente este evento sigue suscitando interpretaciones y comentarios bastante diversos. En todo, una enseñanza merece ser destacada: cuando los cristianos rezan y se organizan para la acción, Dios está a su lado y hace milagros.

Lo que Dios hizo en 1492, Él está dispuesto a rehacerlo hoy, desde aquí en Granada. No sólo para la unificación de un reino temporal sino para la unificación de la familia humana. Una unificación que apenas se puede realizar si los hombres aceptan libremente la verdad que les enseña su inteligencia, su corazón y, en nuestro caso, su fe.

De aquí, sin duda va a salir esta Nueva Reconquista, la reconquista de la verdad, la reconquista de la capacidad de amar. Parafraseando a Isabel la Católica, vamos a recuperar uno tras otro los granos de esta Granada: la verdad, la dignidad del hombre y los valores que la componen.

Pero este doble tesoro, el de la verdad y el del amor, no podemos esconderlo. Y me complace recordar que nos encontramos aquí muy cerca de otro lugar de proyección histórica humanística y cristiana.

Al igual que Cristóbal Colón, que salió de Huelva para plantar la Cruz en el Nuevo Continente, nosotros también saldremos de nuestro Congreso con la misión de llevar al mundo todo, sin miedo y sin reservas, el Evangelio de la vida. Nuestro congreso está llamando a ser reconocido como un evento profético.

¡Señora de las Angustias, protégenos con tu manto y consiga tu llanto el amparo del Señor!

¡Madre de Jesús y Madre Nuestra, danos la valentía de ser, hoy y hasta nuestra muerte, misioneros fieles del Único Señor, Maestro de la Vida y Vencedor de la Muerte!

ss22

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