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Presentación

El problema mayor del siglo XIX, en los planos moral, social, económico y político, fue la miseria inmerecida de la clase obrera, al que hay que agregar la explotación colonial. El problema mayor de nuestro tiempo, en los mismos planos es aún más grave que el del siglo XIX. Se trata el desprecio inmerecido del cual la vida humana es víctima en todo el mundo.

Este problema ha sido claramente planteado desde la primera mitad del siglo XX. Pero su extrema gravedad se manifiesta sobre todo desde que asistimos a una campaña mundial que tiene como objetivo no sólo cortar las fuentes de la vida a través de la trivialización de la esterilización, sino también legalizar el aborto, y tal vez, dentro de poco, la eutanasia.

Esta legalización del aborto es presentada como la única solución satisfactoria en toda una serie de casos dolorosos o dramáticos. Sin embargo, como la experiencia lo confirma, esta liberalización provoca problemas más numerosos y más complejos que los que pretende resolver.

Entre otros, los acontecimientos que han tenido lugar en la región de Chiapas, en el sur de México, desde el comienzo del año de 1994, deberían hacer caer las anteojeras más opacas. Estos acontecimientos tienen su causa profunda en la injusticia y las desigualdades de la cual toman conciencia los indios de la región de San Cristóbal de las Casas. Y si las mismas causas pueden producir los mismos efectos, hay que apresurarse en prevenir semejantes llamaradas remediando las injusticias y las desigualdades. Las campañas de esterilización y de aborto manifiestan en quienes las patrocinan el rechazo a remediar unas y otras. Cuando las víctimas estén conscientes de dichas injusticias y desigualdades, la rebeldía se extenderá como reguero de pólvora y nada podrá yugular la violencia.

Por otro lado, nos impresiona ver cómo la administración del Presidente Clinton se preocupa, después del derrumbe del bloque soviético, en prevenir la emergencia de un «nuevo enemigo» actual o simplemente potencial. El hundimiento demográfico que afecta a toda la Europa occidental -y al que el aborto liberalizado no es evidentemente ajeno- tiene de dónde satisfacer los apetitos imperiales de la metrópoli de allende el Atlántico. Los niños por nacer en Europa están sometidos a un programa de destrucción incluso antes de que puedan emerger como «enemigos potenciales» de una América obsesionada por su seguridad y su expansión.

Proponemos aquí un argumentario destinado especialmente a todos aquéllos que necesitan un instrumento práctico con miras a los debates en los que participan.

Vamos, pues, a examinar aquí, en términos simples, algunos de los argumentos que son a menudo expuestos en las discusiones a propósito del respeto a la vida. Estas discusiones remiten a preguntas fundamentales de bioética, pero serán consideradas a la luz de los fenómenos demográficos actuales. Este examen nos llevará mucho más allá de la discusión acerca de la liberalización del aborto.

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