En resumidas cuentas, si ninguna acción por la vida humana es emprendida a nivel mundial, ¿lo que se perfila es una nueva guerra?

Durante décadas el mundo ha estado dividido en dos bloques, y hemos visto enfrentarse al Este y al Oeste. Este «bibloquismo» no ha muerto sino que ha sido relegado actualmente a un segundo plano; ha sido suplantado por un enfrentamiento Norte-Sur, una guerra de los ricos contra los pobres. En esta guerra actualmente en curso, se usan armas, encabezadas por las armas biomédicas, cuya puesta en obra ha sido «justificada» por una lectura partidaria de los datos demográficos. Estas armas nuevas deben aportar la solución final a la amenaza de los pobres, aunque no a la existencia de la pobreza. Por eso, cuando la contracepción no da los resultados esperados, se prefieren la esterilización y el aborto.

Ocurre aquí como ocurre con las parejas en busca de placer: los medios que tienden a impedir la procreación deben ser de una eficacia sin falla. Por eso es que la esterilización y el aborto se inscriben inevitablemente en la lógica de esta guerra nueva y silenciosa.

Resulta que, para terminar con la calamidad del aborto, hay que abandonar la anticoncepción y promover los métodos naturales que favorecen la paternidad responsable.

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