¿Por qué tiene el Estado que jugar un papel a propósito del aborto?

La calidad de un Estado se mide primero por la estima en la que tiene a la vida humana. Cuando los hombres entran en sociedad política, esperan que el Estado proteja, no sólo los bienes y la libertad, sino antes que nada, la vida. La liberalización del aborto va a contracorriente de esta dinámica. Esta liberalización significa no sólo que se rechaza a seres humanos la protección de la ley, sino que trae consigo además la destrucción de las solidaridades naturales, incluso antes de que puedan alcanzar su pleno desarrollo. A cierto plazo, este proceso es destructor de la familia y de la trama social.

Las campañas para la liberalización del aborto tenían ya como objetivo reconocido por algunos destruir al niño porque es el ser más débil de la cadena familiar. En ultimo análisis, lo que está en juego en muchos debates sobre la bioética es la precipitación de este proceso de destrucción de la familia.

Francia, país pionero en la legalización del aborto, corre el riesgo de empañar aún más su imagen en el plano internacional, haciendo de la destrucción de la familia la prioridad de un cierto mesianismo republicano. Esta forma de galicanismo laico sólo puede llevar a la destrucción de la trama social, es decir, al infierno.

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