¿Seria el aborto un método moderno de discriminación?

La historia abunda en ejemplos de discriminaciones. También nos enseña que la impugnación de estas discriminaciones y los privilegios que las acompañan, han sido uno de los motores que mueven hacia sociedades más democráticas.

Ahora bien, discriminar es siempre invocar razones mediante las cuales se destina a seres humanos a la servidumbre o a la muerte. A veces, discriminar es substituir una debilidad objetiva por una debilidad legal.

El régimen nazi discriminó a los judíos, a los gitanos, a los «no hombres». En Nuremberg se llamó a esto «crimen contra la humanidad»; desde entonces, la memoria de los hombres ha sido aligerada de esos recuerdos molestos.

Otros regímenes han discriminado a los contestatarios o a los opositores enviándolos, por ejemplo, a asilos psiquiátricos. Actualmente, se discrimina no sólo a los niños -incluso a los adultos- aquejados de malformaciones o incapacidades graves, sino también a los pobres.

La liberalización del aborto legaliza una discriminación nueva: aquélla de la que pueden ser impunemente víctimas seres humanos que se encuentran en un estado extremo de debilidad y de dependencia.

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