¿Se puede hablar, a propósito del aborto, de «crímenes imprescriptibles contra la humanidad»?

Después de la Segunda Guerra Mundial, una vez que se conoció mejor la dimensión de las atrocidades nazis, fueron denunciados los «crímenes contra la humanidad». Al lado de crímenes de guerra y crímenes contra la paz, es sobre todo de este capítulo del que se valieron el proceso de Nuremberg.

A estos crímenes se agregan los asesinatos, la exterminación en masa, el genocidio, la tortura, el arresto arbitrario, etc. Desde la Convención adoptada el 20 de noviembre de 1968 por la Asamblea General de las Naciones Unidas, estos crímenes contra la humanidad son considerados como imprescriptibles. Son precisamente imprescriptibles porque deben ser siempre condenados en nombre de una ley inscrita en el corazón del hombre y anterior a toda legislación positiva. Es, al contrario, esta ley positiva la que debe ser sometida a la sanción de la ley inscrita en el corazón del hombre.

Lo que fue subrayado en Nuremberg, es que los crímenes nazis contra la humanidad no pueden ser prescritos porque fueron cometidos en nombre de leyes inicuas. Estas leyes eran inicuas porque no respetaban los derechos inalienables de todo ser humano.

La Declaración Universal de los Derechos del Hombre de 1948 sacará la lección tanto de esta guerra como de este proceso. Explicitará, declarará las razones de fondo por las que había - y siempre hay- que luchar contra el nazismo, condenar sus crímenes y prevenir su reviviscencia.

La liberalización del aborto pone entonces nuevamente en discusión los principios mismos sobre los que se fundó la condenación del nazismo.

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