¿Es imaginable que se olvide aprovechar las lecciones, tan evidentes, que se desprenden de la experiencia nazi?

Los hombres tienen una capacidad prodigiosa para ocultar el pasado, incluso el más reciente, aunque lo hayan sufrido en carne propia. Se practica la damnatio memoriae: la memoria es condenada, ya que el pasado se percibe como peligroso, porque su conocimiento permitiría juzgar el presente.

De este modo difícilmente nos damos cuenta de que es bajo el pretexto de obedecer a las leyes del III Reich y a «órdenes superiores» como algunos médicos y otros verdugos nazis ejecutaron a masas de inocentes. Tampoco nos damos cuenta de que lo que nos salvó del nazismo fue que algunos resistentes desobedecieron algunas leyes porque eran inicuas. Constatemos también que, por un macabro retorno de la historia, algunos de los que sobrevivieron a los horrores nazis gracias a esos resistentes, se ocupan actualmente en restaurar leyes inicuas completamente parecidas a las que sus libertadores habían rehusado obedecer, precisamente para salvarlos.

Ahora bien, como estos hechos de la historia contemporánea están ocultos, evidentemente también se oculta que la historia puede repetirse, o, si lo prefieren, prolongarse. Es, en efecto, en nombre de leyes ya no impuestas por un tirano, sino votadas por parlamentarios, como se ejecuta a inocentes.

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