¿Cómo explicar esta inconsecuencia que lleva a legalizar hoy, prácticas condenadas ayer, por ser ilegítimas?

La inconsecuencia analizada anteriormente es dramática, ya que revela que, en ciertos medios, no se ha percibido la malicia profunda del nazismo. Es la razón por la cual se abre ampliamente la puerta al ultranazismo. Queremos decir con esto, el nazismo llevado a su estadio supremo, mundializado e inscrito en las prácticas, las leyes, las instituciones e incluso la ética.

a) No se ha entendido que esta malicia no residía primero en el régimen que caracteriza al nazismo, sino en la naturaleza profunda del mismo. No se ha visto que la esencia del nazismo es su naturaleza totalitaria, es decir, su voluntad de destruir al yo, tanto físico como psicológico. El nazismo está obsesionado por la voluntad de infligir la muerte.

b) A pesar de las ruidosas denegaciones de los que las animan, las corrientes que, después de haber hecho legalizar el aborto, se ocupan actualmente de legalizar la eutanasia, se inscriben objetivamente en esta tradición, consumando al mismo tiempo también su perversión, es decir, yendo más allá del nazismo. En efecto, infligir la muerte no es simplemente un «derecho» que la sociedad puede ejercer sobre aquéllos para quienes, según ella, la vida es indigna de ser vivida. Es también un «derecho», del que la misma sociedad debe garantizar la ejecución para los que desean «morir con dignidad», bajo pretexto de que su vida es indigna de ser vivida.

A la consideración del derecho de la sociedad a infligir la muerte a los seres cuya vida es indigna de ser vivida, típica del nazismo, se añade entonces esta, típica del liberalismo, del derecho del individuo a «morir con dignidad».

c) Pero en los dos casos citados y más allá de enmascaramientos ideológicos, el acto de infligir la muerte está cubierto por la ley y su ejecución está confiada al personal médico.

d)Por esta mismas razones, cuando el Estado concede a los padres el «derecho» de matar a sus hijos, acaba pronto por conceder a los hijos el «derecho» de matar a sus padres. Así, en estos diferentes casos la «ley» está llamada a «legitimar» la «medicalización» del asesinato.

e) Esta alianza totalitaria entre la mentira y la violencia ha sido implacablemente denunciada por André Frossard: «El mentiroso sabe que miente, el criminal oculta o niega su crimen y los sistemas políticos más diabólicamente injuriosos para la especie humana se creen con el deber de dar la apariencia de la justicia a sus ignominias y de remedar el derecho cada vez que lo violan1».

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  1. Ver André Frossard, Défense du Pape, Paris, Ed. Fayard, 1993, p. 48.

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