La evocación del pasado puede ser molesta para algunos. Pero para los que perfeccionan, fabrican y distribuyen preparaciones abortivas, ¿acaso no es igualmente molesto constatar la eficacia de sus productos?

a) Es de todos sabido que los hombres se valen de «justificaciones» aparentemente coherentes dictando sus conductas, mientras que dudan en mirar de frente las motivaciones profundas que las inspiran. Este tipo de comportamiento es bien conocido de los psicólogos, que hablan a este respecto de «racionalización» de una conducta: los hombres pueden, más o menos voluntariamente, ocultarse u ocultar a los ojos de los demás los verdaderos motivos que animan su comportamiento.

b) Es lo que se produce a veces en algunos propagadores del aborto químico. Si las circunstancias se lo permiten, no insisten demasiado en las virtudes esencialmente abortivas de sus preparaciones. Por el contrario ponen de manifiesto su eficacia -real o supuesta- en caso de cáncer del seno, de endometritis, de tumor cerebral, de enfermedad de Alzheimer, de depresión, etc.

c) Lo constatamos: esta «racionalización» recuerda la damnatio memoriae, la condenación de la memoria. Aquí se oculta un pasado comprometedor, ahí se ocultan motivaciones actuales molestas. Estos dos procesos se entrelazan a menudo para reforzar el efecto de ocultación.

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