¿No es acaso molesto sugerir un paralelo entre los verdugos del régimen nazi y los abortistas de hoy?

La gente imagina a menudo que el nazi ordinario era un individuo feroz y sanguinario. Este tipo de nazi ciertamente existió, y algunos individuos innobles rivalizaron en el refinamiento de la humillación, de la tortura y de la muerte infligidas. Pero el nazi ordinario no era generalmente un ser brutal y cruel; en su mayoría, los nazis eran gente aparentemente sin historia, como la mayoría de la gente de hoy. Simplemente habían entrado tranquilamente en el Sistema. De concesión en concesión, de cobardía en cobardía, y por interés, se convirtieron en celosos funcionarios del régimen. Ejecutando órdenes, cumplían - según ellos - su deber. El mayor peligro que la liberalización del aborto transmite actualmente a nuestras sociedades no hay que buscarlo primero en los actos de individuos notoriamente cínicos y carentes de compasión. Dicho peligro se encuentra en la falta generalizada de valor frente a la «trivialidad del mal».

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