¿Situaciones excepcionales, como el sida en Africa o las violaciones en ex Yugoslavia, no justifican medidas excepcionales?

Ocurre más o menos igual en materia de violación que en materia de sida. La lucha contra el sida, con su publicidad de todos por el preservativo, sirve a una causa diferente a la de la salud. El enfermo de sida es considerado menos como persona que necesita ser atendida que como un ser de quien los demás se sirven para librar otro tipo de batalla. Lo que está en juego en esta batalla es el desenfreno masivo de una juventud de quien se abusa física y sicológicamente; es la transformación del mundo en un inmenso lupanar.

Igualmente para la violación, tal y como se vio recientemente con ocasión de las violaciones cometidas en la antigua Yugoslavia, la lucha contra la violación sirve a otra causa muy diferente a la de las mujeres violadas. Las víctimas son consideradas menos como personas que deben ser ayudadas que como seres de quienes se sirven para forzar la trivialización del aborto.

En los dos casos, se hace valer «no queda más remedio»: aquí, hay «situación de angustia»; allá, «situación de urgencia». La libertad -se dice- ya no tiene lugar: hay que inclinarse ante los porcentajes y ante las situaciones. Estas son tan apremiantes que súbitamente todo se vuelve permitido.

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